Otra vez, Tamaulipas bajo el agua. Otra vez, el ejército, la marina y Protección Civil al rescate. Otra vez, el gobierno federal, estatal y municipal se toman la foto mientras la gente intenta salvar lo poco que le quedó. La tormenta «Barry» trajo lluvias que azotaron al estado, dejaron carreteras cerradas, casas inundadas y a miles de familias al límite. Y sí, la presidenta Claudia Sheinbaum mandó refuerzos, se activaron los planes de emergencia, se montaron operativos de rescate… pero la pregunta es, ¿por qué siempre tenemos que esperar a que pase una tragedia para reaccionar?
Lo que vimos estos días es el reflejo de años —sí, años— de abandono en la infraestructura, de desidia en el manejo de riesgos, de gobiernos que gastan en lo que se ve bonito, pero no en lo que de verdad protege a la gente. Los ríos se desbordan, los arroyos se llevan lo que encuentran porque no hay obras de fondo, porque los drenajes están colapsados y porque la planeación urbana brilla por su ausencia.
Y ojo… las presas sí recibieron agua, y eso suena bien en un estado tan golpeado por la sequía. La Vicente Guerrero subió a más del 56 %, la Marte R. Gómez anda en el 86 %, la Pedro José Méndez hasta se pasó. Pero otras, como Las Blancas, siguen prácticamente igual. El agua llegó, pero ¿tenemos un plan real para administrarla? ¿O vamos a dejar que se nos escape entre las manos mientras el próximo año volvemos a rezar por lluvias?
La verdad es que ya basta de soluciones al vapor. Tamaulipas no necesita operativos espectaculares solo cuando el desastre ya está encima. Necesitamos que dejen de prometer y empiecen a prevenir. Que inviertan en infraestructura, porque si no, la historia se va a repetir una y otra vez, tormenta, desastre, foto oficial, olvido…
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