Lo que empezó como una protesta de productores de sorgo en el norte de Tamaulipas, terminó por sacudir al gobierno y poner sobre la mesa un problema que se venía arrastrando desde hace rato, los apoyos al campo no llegan cuando se necesitan, y cuando los productores se cansan de esperar, se les ve más como un estorbo que como parte esencial del país.
Desde el 7 de julio, los agricultores tomaron la famosa “Y” de San Fernando y después cerraron el paso al puente internacional de Pharr. ¿Por qué? Porque les prometieron un pago por tonelada de sorgo que nunca se concretó. Así que decidieron meter presión y llamar la atención. No fue una medida cómoda, es cierto, pero tampoco lo es quedarse con las manos vacías después de haber sembrado, cosechado y vendido esperando ese apoyo.
El asunto escaló rápido. La respuesta no fue el diálogo inmediato, sino la presencia policiaca y luego, el 28 de julio, la detención de uno de los líderes del movimiento, Guillermo Aguilar Flores. Lo acusaron de interrumpir las vías generales de comunicación, aunque él dice que lo único que hizo fue levantar la voz por precios justos. A pocas horas quedó en libertad, pero el mensaje ya estaba dado, cuando el campo protesta, las consecuencias pueden llegar antes que las soluciones.
Y justo ahora, casi un mes después de que todo empezó, llegan los acuerdos. Este miércoles, el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, fue a la Ciudad de México para reunirse con el secretario de Desarrollo Rural del gobierno federal. Hablaron de apoyar a los productores de sorgo y maíz, de proteger al ganado del gusano barrenador, y hasta firmaron un convenio con una empresa holandesa para tratar el agua en el estado.
Sin duda, es una buena señal que ya estén trabajando en soluciones. Pero también hay que decirlo claro, esto pudo haberse evitado si los compromisos se hubieran cumplido desde el principio. El campo no puede depender de plantones y bloqueos para que lo escuchen.
Hoy, más que promesas, lo que se necesita es que esos acuerdos se reflejen en apoyos reales, que lleguen a tiempo y que sirvan para que los productores puedan seguir trabajando sin tener que cerrar carreteras.
Entre otras líneas…
En medio de los retos que enfrenta Tamaulipas, hay que reconocer también los avances locales cuando se dan. El Ayuntamiento de Victoria, -que encabeza Eduardo Gattás- por ejemplo, acaba de presentar un informe de resultados en áreas clave como seguridad, atención ciudadana y cumplimiento de leyes municipales. Y aunque falta mucho por hacer, los datos muestran señales alentadoras.
Según la última encuesta del INEGI (ENSU), la percepción de inseguridad en la capital bajó de 51% en marzo a 48.5% en junio. No es una cifra perfecta, pero sí es una mejora tangible, y eso ya es decir bastante en una ciudad que durante años estuvo marcada por la violencia.
También se reporta que el 90% de las solicitudes ciudadanas fueron atendidas en el primer semestre del año. Si esto se sostiene, habla de una administración más receptiva y cercana a la gente, algo que siempre se agradece.
En resumen, lo que se está haciendo en Victoria es un paso en la dirección correcta. Pero como siempre en la política, los resultados deben medirse no solo en porcentajes, sino en confianza ciudadana sostenida.








